jueves, julio 13, 2006

un caracol fuera del circulo

Silencioso, desenvuelvo mi pena
acabados los dos segundos que me harían libre.
Opto por el descabellado intento de volar hacia abajo.
Los cristales marcan las huellas de mis pasos:
divagaciones póstumas de un niño que no quiso crecer
anhelos vírgenes de un anciano con miedo.

Marcas indescifrables de lo que es estar atado
a la rueda imperecedera del tiempo
y sus colmillos afilados sobre las esperanzas de los tristes.
Huellas que dejan en mis suspiros
llagas perversas, alojadas en las arrugas de mis ojos
arrugas que delatan la macilenta fuerza de mis manos,
manos que esconden un secreto,
que surcan con música en el aire gris que nos corroe

Discreta contemplación del que tiene miedo de asomarse,
y se ve arrodillado frente a él mismo
agotado por tratar de escapar,
harto de querer dejar un cuerpo cansado de sostenerse
sobre ideas vanas, que lo definen como siervo

Un niño triste busca nuevos laberintos, ya no grises ni azules.
Las luces que lo cegaron ya no llaman a su instinto.
Niño triste que aprendió el arte de caminar en los bosques
viendo siempre, firme, hacia una estrella,
solo una, siempre la misma, la que posiblemente esté muerta

La esperanza es lo primero que un hombre libre deja a un lado.
La espera deja de ser una mujer vestida de negro
ve con odio a la leche, con odio mira el suelo
Niño que aprendió a defenderse
gracias al sempiterno arte de odiarse a él mismo

Palabras que no encuentran un caracol
por donde caer libres hacia el centro,
palabras que no encuentran defensas,
escudos lanzados al fuego
el agua fría que lo oxida todo

Nadie sabrá entender
lo que un hombre hace por perderse…

sábado, junio 24, 2006

Peste


Tus ruidos destilan
el veneno que otorgas,
tus palabras evocan
el primer silencio de los ajusticiados,
tus manos anuncian
los sabores perdidos,
los placeres amargos,
tus muslos murmuran
el grito ausente de un esclavo impúdico,
el amor definitivo de la luna en llamas,
tus pechos sentencian
la muerte perpleja ante venablos rubios,
el tiempo diletante en la profundidad del vaso,
tus ojos dos vidrios rotos clavados en las manos,
dos gatos sabios
que devoran a sus crías,
plagas que nacen para redimirnos.


Poema premiado en el Concurso Nacional de Poesía Escrita organizado por el Centro Internacional de Estudios Poéticos del Ecuador

domingo, mayo 14, 2006

La primera niña (textos vírgenes)

Revista ecuatoriana de creación literaria
Derechos reservados.

Lugar común

Quiebra el pasillo, raudo, ajeno al mundo, cruza dos puertas paralelas, desteñidas e idénticas, antes de entrar en la suya .

Ha sido estricto en la rutina; pestañear, deprimirse del otro, del reflejo, vestir el traje descosido y plateado, última huella de la adolescencia perdida y el simpático orgullo. Ha procurado ataviar la costumbre: sonrió a ojos, manos, gestos estudiados, imprecisos e inútiles, se quejó del tiempo y las canas, observó al amor que espera y no pide, acompañó al alcohol.

Se siente exhausto, agotado de la inmensa responsabilidad de ser un nadie entre los miles de nadie que la ciudad reúne y distingue. Está cansado de la representación histriónica, sistemática, ineludible y vital.

Cierra la puerta, deja la pluma infame, borra la imagen última, se acuesta, enciende un tabaco, acerca la navaja y se abandona al oprobio.

Lamentablemente, también eso, estaba previsto.

viernes, mayo 12, 2006

Catedral


Ciento veintinueve mil seicientos segundos atrás
mi alma se reclina en tu cuerpo
Vacío
busca la catedral.

Reminiscencia de héroes
lejanos.
Tres mil trescientos cinco años atrás,
la catedral ataviada de broncíneas armaduras.
La catedral
Semejante a dioses antiguos,
Lanza mortales saetas
desde las alturas olímpicas.
Eres el dios esmintio del arco exacto
y a la vez el héroe ligero que cae
y se disuelve en el polvo.

Sagradamente,
dejaré que soples tu aliento en mi boca,
romperé las promesas divinas.
Me entregaré
cada tarde
efímera.

Cuarenta y tres mil doscientos segundos atrás
rituales y ceremonias infinitas
se simplifican en mis ojos,
que solo existen por el instante
en que se abre la catedral.

C. A.

El vacío imprime letras


el temblor delata la imposibilidad
[de reflejarme en tu rostro.
Volátil estancia,
distancia adjetival,
silencio incómodo,
caminar entre la bruma sin alcanzar
[jamás la noche.
La primera niña: la última, belleza atroz,
[que todavía podemos soportar.

tus pupilas exceden

las cuerdas de tus ojos
i les brotan pelos
i se secan
i enrojecen
i en un acto
de la más agresiva soberbia
compiten con el crepúsculo
dejándose sangrar

P. C.

Me pides un ojo


i te llevo al ojo de un huracán
al centro de todos mis círculos
donde mi polvo
i mis despojos
te protegen,
pero no te dejan ver.

P. C.

El (la) DOBLE


"Se le destacan dos coincidencias sutiles en su estudiada figura, cuando empuña el sable, y cuando posa para el acto de amor, siempre sobra un diente un su risa; a una megalómana se la conquista con su retrato".

Diario de Bolívar, Tomo II, pg. 261.

estar afuera

cuando no existe
nada
o más bien
cuando la nada
existe
o más bien
cuando no existo
en nada

entonces afuera

atrás del tiempo
atrás del espacio

retrasado
siempre
retrasado

llegar siempre tarde
tarde al nacer
tarde al abrazo
tarde

C. A.