martes, septiembre 26, 2006

La hora equivocada

"Lo nuestro duró lo que duran dos peces de hielo en
un whisky
on the rocks"
Sabina

Si hubieras pisado con fuerza
te habrías dividido en imágenes inconcretas,
en curvas populares de mis mil avenidas.
Habrías llorado con la calma de los santos
o caído mil veces como un dios maldecido.
Me habrías pensado con tus alas de cera quemada,
me habrías nombrado.

Ya no me ahogaré en tu vértice,
leeré en voz alta tu piel como un palíndromo,
ni callaré en tu brazo como un niño cansado.
Ya no habrá tinta para definirte,
nunca lloraremos juntos la partida de un amigo,
no despertaremos juntos a la hora prohibida
ni callaremos con besos la nostalgia
que cabalgó alguna noche tus suspiros.

Si volvieras
y pisaras con fuerza
podrías ser la última fruta de mi llanto
o el hechizo que pronuncia un ciudadano.
Podrías tu enroscarte en mi abrazo
podría yo ser menos miserable,
podría decir que te tengo,
podría decir que me importa.

martes, septiembre 19, 2006

REMINISCENCIA



Después de mirar a su alrededor pensó que la noche en aquel lugar era tal como la recordaba. Quizá era mejor así, más fácil. Se dio cuenta de que no había olvidado al pueblo como hubiera querido, que todos esos años de ausencia no eran sino la confirmación de un deseo inalcanzable, de un engaño. Si algo odiaba no era más que descubrir en sí mismo la angustia, terrible y definida, de aquel pueblo que no quería reconocer como propio. No tuvo otra alternativa mas que aceptarlo cuando, en la niebla de una madrugada que le pareció repetida, apoyándose en su bastón, bajó del autobús destartalado y miserable que lo había devuelto a aquel lugar, vomitándolo al frío de una estación que parecía erigirse únicamente para él, para recibirlo con un familiar sarcasmo muchos años después de haberlo despedido con familiar desprecio.

Alguien escuchaba en la radio un bolero debilitado. Cuando el ruido del autobús se había perdido, confundiéndose con las primeras luces del amanecer oscurecidas por la niebla -esa niebla gris y amarillenta que pesaba más que el revólver que llevaba en el bolsillo de su gabardina-, echó a andar. Sabía que llegaba al pueblo donde tantos años atrás había muerto, para morir de nuevo. Sus pasos eran los de un anciano.

La casa era tal como la recordaba. Un niño lloraba en el interior. En el jardín pesaban aún las señales de una lluvia fuerte. Sintiendo la humedad, él también se echó a llorar. No necesitaba llave alguna: desapareció tras la puerta. Una luz se encendió dentro del hogar. Sólo un disparo se escuchó detrás de las viejas paredes del caserío. No hubo más llantos.

domingo, septiembre 17, 2006

Los que caminan de noche

A Diego

Si se sentasen a recordar
como árboles
aquellas noches perdidas en la gran noche
y la sangre que aprisionaron sus puños

Si cambiaran sus nombres, sus rostro
la luz que los dio a luz
si perdieran en el humo de una explosión
el astuto recurso para callar

Sólo entonces, sin certidumbres
sus dedos serían mutilados
el día, lejano, tan lejano
que de sus sonrisas no vierta el llanto

Ajenos a la muerte
ocultos de la vida
prendidos de un llamado que no existirá
comparten la desigualdad de las noches y las sombras

Pero en las mañanas,
cuando vuelven a sus sombreros
y las manos plantean nuevos lamentos
piensan que las letras y la sangre son uno

tE La ArañA




Se encienden las linternas, el cuarto empapado con humo, rota, sobre su cabeza; lo mira, desde las paredes, entre los hilos y la espiral.
Se recoge, se achica y tensa mientras la noche lo respira; cuándo cesarán las voces, se calmará como una brisa, hallará entre ramas su verdor, y recordará que otro siglo ha pasado.

se apagan,

giran y cambian de colores

Ya son grandes y pequeñas, repitiéndose en un cielo que nadie ve; mira el techo. Huele sus manos, se mueve sin pensamientos

y quiere volar, como un río.

¡Qué fácil se volvería la vida si la guardáramos entre cristales!

NUBES

Caminaba por un desierto
a la izquierda vi un grillo
y una rueda de granito
de olor a palma joven

En el aire oía voces
luces de ventisca
sangre allende las ventanas
recorriendo un sendero de lluvias

Caminaba por un desierto
buscaba algo de calor
las piernas se rompían
como agujas

El grillo ya eran mil grillos
ya era una epidemia
las voces callaban
la luna rota en siete partes

Esa era mi morada
ahí bailaba con los duendes
luego y no antes o después
ahora tengo alma

A LAS MONTAÑAS

Dos piedras miraban un río pendiente abajo
un arco iris se movía por el firmamento
rotos los sentidos
tras las montañas

Como canción de cuna, se dibuja un agridulce clan,
mejillas, historias, luces en el ojo de un hombre despierto
agradable canción de azul rostro
mira el ocaso, y sus circulares formas

A la historia le cuenta,
una canción de silencios
algo que se borra cuando
sopla el viento

Se decían, juntas y lejanas
dos piedras mirando al río
azul el corazón, las caras,
rojas las montañas

Cuando se vaya el sol, y los sentidos vuelvan

lunes, septiembre 04, 2006

EL EJE DEL PENDULO


PARA ANA, O MAS BIEN, POR ANA

Por fin pude reír estando frente a este maldito espejo. Aqui, de rodillas, con el peso de haberme sentido rendido durante tanto tiempo y de repente bbbbssssbbbjj el falso silencio se corta, caen las dos escamas que me habían cegado durante tanto tiempo y mis ojos muestran una criatura endeble, insostenible, resbaladiza como agua entre los dedos, necesaria como aire en los pulmones, me muestran una criatura elemental, completamente lejana a la carne, templo de tantos miedos y rencores, de tanto deseo de venganza, de tantos deseos en general.

Mis posicionamientos dejaron de tener sentido, vi mas allá de mi centro, ya no como un simple caracol, sino como una entera armonía con todo el baile que afuera de mí se estaba llevando a cabo. La idea del péndulo ya está clara, yo sufría cuando era feliz porque esperaba con ansias la vuelta desgraciada del dolor, pero ahora sé que ese péndulo nunca es el mismo de ida que de vuelta, como la física que hace escuchar las cosas de distinta forma dependiendo de si se acercan o de si se alejan. Ahora vi que el péndulo cuelga de algo, algo lo sostiene arriba y es lo que define su movimiento espiralado.

Ver significó mucho para mí, fue más allá del hecho de descomponer la energía que se comprime con el fin de enseñarme las cosas materiales, fue más allá de mirarme como parte de un entramado eterno, fue más allá de poder darme cuenta del patrón esencial de la telaraña mística que nos envuelve. Dejó de tener sentido para mi ese maldito deseo de venganza que estaba corrompiendo mi vida y que buscaba acabarla. Ahora acepto la muerte de mi hijo como la partida de un hombre libre. No me culpo por su tristeza, ni siquiera estoy seguro de que se haya matado por estar triste. Recuerdo que en los tantos encontrones que tuvimos con la muerte, el siempre guardaba su sonrisa, pero se le escapaba por los ojos.

Amaba a su madre, y en su funeral sus ojos brillaban con la felicidad de un padre que ve regresar a sus hijos. Habló largo rato conmigo esa noche, extraña actitud que contradecía su naturaleza, enfermiza, de buscar silencio mental. Ahora entiendo lo que una vez me dijo: El que mas calla menos silencio hace, ahora entiendo por qué me habló tanto este último tiempo. Fui tan feliz escuchándolo divagar acerca de su vida, de la mía, de lo inútil que es estar parado en un mundo tan lleno de velos que estan constantemente encubriendo una verdad con una seducción, y sin embargo me habló también de lo hermoso que es estar feliz por el simple respirar de aunque sea un aire tan podrido como el que ahora respiramos todos.

Ya no quiero que mi sangre redima la muerte de Ramón, ya no busco mi fin para encontrarme con ellos, con mi esposa, con mi hijo, con mis padres y con todos los que se han ido, pues ahora sé que nunca más los volveré a ver, ni a sentir, ni a querer buscarlos. Allá, en el otro lado, no se siente nada. Ilusos religiosos que temen el calor del infierno, que aspiran a la paz del cielo. Eso de sentir le corresponde a la carne, más allá del cuerpo solo existe vibración y equilibrio, y ahí, en ese equilibrio, es en donde se asientan las tontas metáforas de la fe.

Ya no quiero matarme para vengar a mi hijo, pues ahora sé que él no murió por mi, y lo sé no por haberme convencido de que fui un buen padre, pues quizá eso es mentira, sino por haberme convencido de que matarme no es necesario aun.

Ahora puedo reír viendo cómo el espejo refleja mi sangre, pero no la sensación de estorbo que me provoca. Ya no la quiero ver, ya no quiero sentir su abrazo cálido ni ninguna de esas pendejas posturas, supuestamente oscuras, que asechan aun en mi vejez. Por ahora la soledad ha vuelto, como cuando era un tonto adolescente que se creía completamente triste y completamente solo, pero esta vez como algo un poco mas real o un poco menos falsa . Puedo reír sintiendo lo ridículo de todas mis penas. Quizá este abandonando mi humanidad, quizá este volviéndome parte de esa vibración que nada siente. . . Pero que sea no por mi voluntad.

Aun siendo viejo sigo así, lastimándome, siendo débil frente a la tristeza, siendo cobarde frente a la soledad, siendo firme frente a la mentira que he mantenido tanto tiempo. Por fin puedo reír viéndome en el espejo, y ya no evitarlo tanto, esquivarme incluso en el momento de afeitarme, de peinarme, de lavarme los dientes o la cara. Siempre he sido tan cobarde. Esta cuchilla, compañera falsa, que ha estado conmigo ya casi 37 años, solo guarda la sangre de mi postura asquerosa. Ahora entiendo que debo esforzarme en no esforzarme. Mi misión en la vida es respirar.

Por ahora solo quiero ir a la mecedora y que ella no me recuerde en su vaivén lo que es estar atado al tiempo. Siento en verdad no estar atado a nada, pero temo que el traicionero golpe del péndulo lleve mi paz a los dominios del olvido.