domingo, junio 14, 2009

FE



No quiero nada
no espero nada.
Sino el rumor de tu dolor
sobre mi cuerpo.




Tengo fe en nuestro desastre.

sábado, junio 13, 2009

Distancia


Ahora que las calles se ha vuelto impresionantemente inhabitables.
Ahora que los días vuelven y se ahogan en este pequeño charco
fuera de casa.
Ahora que los recuerdos quedan en los vidrios de las ventanas
que tu cuerpo no circula por esta habitación donde cuelgo tus fotos
ahora lo entiendo,
y esta distancia entre tu estar lejos y tu no estar desde hace tiempo
se ha vuelto asfixiante
y ya no puedo escribirlo.

Y aquí encerrado no puedo recordarlo.


Hoy es un poema pertinente del joven poeta chileno Guillermo García

domingo, junio 07, 2009

Fragmento de Invocación aleatoria al desastre

Una ruleta rusa no abolirá el azar
El futuro se teje en la sentina diaria
en el muro golpeado por cenizas
en los hijos que no tendremos.

miércoles, junio 03, 2009

SENZA DI TE

Como una devastación y un franqueo,
las heridas de la noche y el ardor mutuo.

Algo está quebrado, -dices.
Los vacíos del espanto son puertos finales
en los desvaneceres del vientre.

Algo viene a mi que asesina el futuro,
queda una cuita en la mirada
y un sopor incesante
que anuncia vigilia.

No queda mucho por decir, y sin embargo
las alucinaciones postreras han sitiado insensibilidad
y un espasmo nervioso,
yo que ya no tengo sino rencor
del asco del mundo.

Hay un desdentado que camina sobre nosotros,
cadáveres acostumbrados a ver el infierno desde abajo,
dos incisivos suspendidos del vacío
como una máscara sorprendida asistiendo a su propio entierro,
famélica,
su propio montón de huesos apilados sobre un panteón romano
donde se hunden las palabras.

Lo siniestro
de perderte y borrar mi imagen,
disoluta a los ojos de los hombres
devastada a los propios,
ruinas ancestrales de una marioneta
que jamás hecho a andar.

El dolor del mundo está posado en tus ojos
y yo solo encuentro manicomio
para defendertede la peste.

La piel se confunde en la cicatriz,
ya las hordas de los ejércitos ajenos reclaman el féretro infractor,
los deudos de los muertos y
sus trastos inútiles,
la nostalgia de la que se alimentan los leprosos.

Una vida que se consume en una sílaba,
mientras el hijo alcohólico asesinaba
con la misma precisión como pisaba colillas.

Ningún rastro que nos encuentre,
ningún fulgor de llamado,
ninguna voz.
Solo niebla,
solo deseo de una bala atómica,
solo pasmo sobreviviendo a la ceguera,

abstracciones de la fiebre y el temblor
de la sombra y su reflejo hueco.