He visto morir a los seres determinantes de mi vida a distancias continentales,
pero eres tú quien me entrega la hoguera definitiva
para ser siempre el aliento de un ebrio atravesado
por todos los trenes fragmentados que tendrán que venir.
Celebraré la extinción del mundo
a mi manera austera de ver todo arder
desde esta eterna parálisis que narra mi miseria,
despojándome pacientemente
mientras el fuego arriba a las muletas,
a esta deserción permanente que soy.
Me mataré cuando pueda escribir que te he honrado.
No existe nadie que sostenga la fractura,
que equilibre las posibilidades
de memoria que me restas,
que intuya otra mácula
acumulada en la mirada,
el espanto que cruje al saber que nadie más
me deseara vivo como tú.
¿No hay motivo para el suicidio cuando
en tu vieja casa no queda ninguna voz
que conozca tu nombre?
El ruido del incendio
se extiende a lo lejos,
-yo siempre ausente de todo-
también de tu muerte,
haré del mundo una aldea de cadáveres,
para encontrarnos.
jueves, noviembre 24, 2011
lunes, diciembre 13, 2010
Regresamos desde el exilio...
El ejercicio de la escritura es una fuerza irreductible contra la que toda labor resulta una maniobra inútil; por más fuertes que sean arrojadas las piedras, las palabras, se termina reducido a arena antigua, cansada de enfrentarse a un muro invencible.
La fractura de mis vidas son imagenes perturbadas que se confrontan nerviosas,
es mi olvido de la escritura,
el cascajo compuesto de mis manos,
esta huida itinerante de lo que fui y ahora me es ajeno.
Me miro como un recuerdo furioso de temblar,
incapaz de encontrar los motivos de mi resistencia,
-mientras leo esta confesión, otra parte de mi está muriendo en el hospital- ,
sentado a esperar mi condena, en una ciudad donde cada esquina anida un revólver y un desocupado.
Estoy suficientemente cansado de romper los huesos que me quedan en exhibiciones peregrinas,
por eso camino a pérdida;
no hay nada que pueda escribir y valga la pena o que no haya sido rasguñado ya,
por otro mejor que yo.
Arriva todo con retardo y sin embargo no podré registrar todo lo que corra frente a mis ojos frenéticos.
Este cansancio de no ser me ha revelado una angustia franca;
la de un incendio incesante y dilatado al que los animales temen;
la de encender un cigarrillo con la decisión y calma de un asesino del que todos se alejan.
Es monstruoso explorar el proprio vértigo,
es infame tener el talento de exponer la vida en una mesa y destruirla indefinidamente
con un puñal de otra lengua,
con un exilio escogido por temor al futuro y a la insensibilidad,
es cruel no ver al hijo prematuro,
y saber que los amigos han olvidado el modo en que servías el alcohol en muro inclinado,
es terrible tener que irse y cambiar sin que el dolor se tamize nunca;
porque nadie sabe de ésta pobreza,
más grande que la de Haiti,
más infernal que la de todos los mineros de Chile,
más insufrible que llorar en Pompeya o frente a un desconocido porque has perdido la última colilla y ahora no queda nada para aplacar la miseria interna.
No importa cuanto uno se aleje del origen, en todo lugar el infierno emerge en un orinal, en un hexágono, en un espejo.
La fractura de mis vidas son imagenes perturbadas que se confrontan nerviosas,
es mi olvido de la escritura,
el cascajo compuesto de mis manos,
esta huida itinerante de lo que fui y ahora me es ajeno.
Me miro como un recuerdo furioso de temblar,
incapaz de encontrar los motivos de mi resistencia,
-mientras leo esta confesión, otra parte de mi está muriendo en el hospital- ,
sentado a esperar mi condena, en una ciudad donde cada esquina anida un revólver y un desocupado.
Estoy suficientemente cansado de romper los huesos que me quedan en exhibiciones peregrinas,
por eso camino a pérdida;
no hay nada que pueda escribir y valga la pena o que no haya sido rasguñado ya,
por otro mejor que yo.
Arriva todo con retardo y sin embargo no podré registrar todo lo que corra frente a mis ojos frenéticos.
Este cansancio de no ser me ha revelado una angustia franca;
la de un incendio incesante y dilatado al que los animales temen;
la de encender un cigarrillo con la decisión y calma de un asesino del que todos se alejan.
Es monstruoso explorar el proprio vértigo,
es infame tener el talento de exponer la vida en una mesa y destruirla indefinidamente
con un puñal de otra lengua,
con un exilio escogido por temor al futuro y a la insensibilidad,
es cruel no ver al hijo prematuro,
y saber que los amigos han olvidado el modo en que servías el alcohol en muro inclinado,
es terrible tener que irse y cambiar sin que el dolor se tamize nunca;
porque nadie sabe de ésta pobreza,
más grande que la de Haiti,
más infernal que la de todos los mineros de Chile,
más insufrible que llorar en Pompeya o frente a un desconocido porque has perdido la última colilla y ahora no queda nada para aplacar la miseria interna.
No importa cuanto uno se aleje del origen, en todo lugar el infierno emerge en un orinal, en un hexágono, en un espejo.
viernes, diciembre 10, 2010
Página Oficial

"¿Por qué la literatura sólo empieza cuando es pregunta?", "Quién tiende este silencio a secarse entre las sombras?", "Quién arranca con las manos polvo de sus propios llantos?", "Quién retorna a la isla solo como nunca"; "Con entera seguridad se puede escribir sin preguntarse por qué se escribe", "nosotros seguramente, no escribimos para ti, pero si para que nos leas y te pierdas de a poco", "escribimos para un cadáver de mil ojos que todos matamos y que tiene el peso exacto de un texto inacabado", "escribimos para encontrar la verdad que reposa en el fondo del vaso"; "una mirada desde la alcantarilla puede ser una visión del mundo", "la rebelión consiste en mirar una rosa hasta pulverizarse los ojos." "¿Y por qué no dicen algo? ¿Y para qué este gran silencio?". "El tiempo que no curará nuestras cicatrices", "Hay que ser loco, idiota o muy audaz para escribir en estos días que todo esta dicho", "¿Qué queda por hacer que no se haya hecho y qué queda por decir que no se haya dicho?"; "quién de nosotros puede vanagloriarse de haber escrito una sola página, una frase completa que no se encuentre escrita casi igual o exactamente igual en otra parte"; "¿Acaso toda lectura no es ya un presentimiento confuso de nuestra escritura posible?". "Mentimos para no mentirnos", "hablamos para no ver, como un poema enterado del silencio de las cosas"; "expuestos, pedimos la misma entrega; silentes, esperamos el mismo olvido; que nos acoja pronto."
Consejo editorial
viernes, octubre 02, 2009
CONVERSANORIO-RECITAL

El martes 6 de octubre a las 19h00 en el Centro Cultural Benjamín Carrión debido a que el escritor Huilo Ruales regresa a Francia prontito, un grupo de escritores (Javier Lara, Fernando Paez de El Resto del Kombo Pachanguero + Jorge Gómez y Gonzalo Carvajal de Sexo idiota y La primera niña + otros sujetos...) de reputación discutible deleitarán al público con literatura y vino.
Entrada gratuita.
*El evento iniciará con puntualidad.
viernes, agosto 14, 2009
Explosión
Las noches de verano en las ciudades andinas son extremadamente frías. Aunque el aire esté libre de humedad, ráfagas de viento helado atraviesan todo lo que se cruza en sus caminos con sus heladas agujas, y hacen preferible quedarse en casa, o al calor de alguna taberna, esperando un momento más propicio para salir por allí a dar un paseo. Esta quizá no fue la primera causa de la cadena lógica que derivó implacablemente en mi muerte y en la de mi amigo, pero es la primera que puedo reconocer.
Esa noche preferí quedarme en casa, fumando y escribiendo un poco. Llegó entonces un amigo, quizá azuzado por las mismas razones que yo, y me invitó a fumar alguna cosa. Llené mi pipa, cogí cigarrillos y fosforera, y lo seguí por las escaleras interminables, iluminadas automáticamente en cada descanso, que conducen a la puerta blanca, grande y sencilla que abre el paso a la terraza.
Afuera, en la terraza, la ventisca soplaba encarnizada, violenta, expulsándonos de sus dominios como si fuéramos parias. Pero no podíamos fumar en otra parte, pues el olor que emanaría, perfectamente reconocible, podría ocasionarnos problemas. No teníamos elección.
En mi calamitoso estado actual, que no podría reconocer como anterior o posterior a mi muerte, tengo un recuerdo persistente, que viste los ropajes de la pesadilla. Recuerdo haber leído, alguna vez, las instrucciones de uso de una fosforera de bolsillo. Creo que nadie jamás lo ha hecho, pues todo el mundo sabe como funciona una fosforera. Es un mecanismo muy sencillo que nos da el poder mágico de lo que yo considero la tecnología más útil jamás alcanzada por el hombre; quizá el giro definitivo de nuestra evolución.
En las sencillas instrucciones donde nada resultaba novedoso para mí, apareció, sin embargo, un dato de mucha utilidad, que podría haber prevenido nuestro accidente. Decía, sin dilaciones y en una sola oración muy concisa, que no debía mantenerse encendida más de treinta segundos.
La noche del verano hacía imposible nuestra tarea. Soplaba tan fuerte que no era posible mantenerla encendida el tiempo suficiente para encender nuestras pipas. Entonces se nos ocurrió una idea muy práctica. Nos cobijamos junto a la pared izquierda de la puerta de la terraza, y nos agazapamos para mantener la fosforera lejos del vendaval, y poder encender lo que queríamos.
Luego de varios intentos, por fin logramos que encendiera. Nos acercamos ansiosamente para prender nuestras pipas, y tácitamente decidimos mantenerla encendida pues difícilmente lograríamos encenderla nuevamente. Así, nos turnábamos sobre el fuego aspirando profundamente, y exhalando con placer en el frío de esa noche, salpicada de estrellas y luces de los edificios que se levantaban para profanarla.
De pronto ocurrió. Recuerdo una luz intensa que todo lo abarcó de pronto, y un calor infernal que se posaba sobre mi piel y mi ropa. Ardí enloquecido por el dolor y volé algunos metros hasta estrellarme violentamente con el piso. Allí, tendido boca arriba, contemplé un cielo negro y estrellado que poco a poco, y a pesar del poder de las llamas que se cerraban sobre mí envolviéndome en su abrazo, se precipitaba en el abismo más oscuro.
Esa noche preferí quedarme en casa, fumando y escribiendo un poco. Llegó entonces un amigo, quizá azuzado por las mismas razones que yo, y me invitó a fumar alguna cosa. Llené mi pipa, cogí cigarrillos y fosforera, y lo seguí por las escaleras interminables, iluminadas automáticamente en cada descanso, que conducen a la puerta blanca, grande y sencilla que abre el paso a la terraza.
Afuera, en la terraza, la ventisca soplaba encarnizada, violenta, expulsándonos de sus dominios como si fuéramos parias. Pero no podíamos fumar en otra parte, pues el olor que emanaría, perfectamente reconocible, podría ocasionarnos problemas. No teníamos elección.
En mi calamitoso estado actual, que no podría reconocer como anterior o posterior a mi muerte, tengo un recuerdo persistente, que viste los ropajes de la pesadilla. Recuerdo haber leído, alguna vez, las instrucciones de uso de una fosforera de bolsillo. Creo que nadie jamás lo ha hecho, pues todo el mundo sabe como funciona una fosforera. Es un mecanismo muy sencillo que nos da el poder mágico de lo que yo considero la tecnología más útil jamás alcanzada por el hombre; quizá el giro definitivo de nuestra evolución.
En las sencillas instrucciones donde nada resultaba novedoso para mí, apareció, sin embargo, un dato de mucha utilidad, que podría haber prevenido nuestro accidente. Decía, sin dilaciones y en una sola oración muy concisa, que no debía mantenerse encendida más de treinta segundos.
La noche del verano hacía imposible nuestra tarea. Soplaba tan fuerte que no era posible mantenerla encendida el tiempo suficiente para encender nuestras pipas. Entonces se nos ocurrió una idea muy práctica. Nos cobijamos junto a la pared izquierda de la puerta de la terraza, y nos agazapamos para mantener la fosforera lejos del vendaval, y poder encender lo que queríamos.
Luego de varios intentos, por fin logramos que encendiera. Nos acercamos ansiosamente para prender nuestras pipas, y tácitamente decidimos mantenerla encendida pues difícilmente lograríamos encenderla nuevamente. Así, nos turnábamos sobre el fuego aspirando profundamente, y exhalando con placer en el frío de esa noche, salpicada de estrellas y luces de los edificios que se levantaban para profanarla.
De pronto ocurrió. Recuerdo una luz intensa que todo lo abarcó de pronto, y un calor infernal que se posaba sobre mi piel y mi ropa. Ardí enloquecido por el dolor y volé algunos metros hasta estrellarme violentamente con el piso. Allí, tendido boca arriba, contemplé un cielo negro y estrellado que poco a poco, y a pesar del poder de las llamas que se cerraban sobre mí envolviéndome en su abrazo, se precipitaba en el abismo más oscuro.
domingo, junio 14, 2009
FE
sábado, junio 13, 2009
Distancia

Ahora que las calles se ha vuelto impresionantemente inhabitables.
Ahora que los días vuelven y se ahogan en este pequeño charco
Ahora que los días vuelven y se ahogan en este pequeño charco
fuera de casa.
Ahora que los recuerdos quedan en los vidrios de las ventanas
que tu cuerpo no circula por esta habitación donde cuelgo tus fotos
ahora lo entiendo,
y esta distancia entre tu estar lejos y tu no estar desde hace tiempo
se ha vuelto asfixiante
y ya no puedo escribirlo.
Y aquí encerrado no puedo recordarlo.
Hoy es un poema pertinente del joven poeta chileno Guillermo García
domingo, junio 07, 2009
Fragmento de Invocación aleatoria al desastre
Una ruleta rusa no abolirá el azar
El futuro se teje en la sentina diaria
en el muro golpeado por cenizas
en los hijos que no tendremos.
El futuro se teje en la sentina diaria
en el muro golpeado por cenizas
en los hijos que no tendremos.
miércoles, junio 03, 2009
SENZA DI TE
Como una devastación y un franqueo,las heridas de la noche y el ardor mutuo.
Algo está quebrado, -dices.
Los vacíos del espanto son puertos finales
en los desvaneceres del vientre.
Algo viene a mi que asesina el futuro,
queda una cuita en la mirada
y un sopor incesante
que anuncia vigilia.
No queda mucho por decir, y sin embargo
las alucinaciones postreras han sitiado insensibilidad
y un espasmo nervioso,
yo que ya no tengo sino rencor
del asco del mundo.
Hay un desdentado que camina sobre nosotros,
cadáveres acostumbrados a ver el infierno desde abajo,
dos incisivos suspendidos del vacío
como una máscara sorprendida asistiendo a su propio entierro,
famélica,
su propio montón de huesos apilados sobre un panteón romano
donde se hunden las palabras.
Lo siniestro
de perderte y borrar mi imagen,
disoluta a los ojos de los hombres
devastada a los propios,
ruinas ancestrales de una marioneta
que jamás hecho a andar.
El dolor del mundo está posado en tus ojos
y yo solo encuentro manicomio
para defendertede la peste.
La piel se confunde en la cicatriz,
ya las hordas de los ejércitos ajenos reclaman el féretro infractor,
los deudos de los muertos y
sus trastos inútiles,
la nostalgia de la que se alimentan los leprosos.
Una vida que se consume en una sílaba,
mientras el hijo alcohólico asesinaba
con la misma precisión como pisaba colillas.
Ningún rastro que nos encuentre,
ningún fulgor de llamado,
ninguna voz.
Solo niebla,
solo deseo de una bala atómica,
solo pasmo sobreviviendo a la ceguera,
abstracciones de la fiebre y el temblor
de la sombra y su reflejo hueco.
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senza
miércoles, marzo 04, 2009
PERDER

ONE ART
The art of losing isn't hard to master;
so many things seem filled with the intent
to be lost that their loss is no disaster.
Lose something every day. Accept the fluster
of lost door keys, the hour badly spent.
The art of losing isn't hard to master.
Then practice losing farther, losing faster:
places, and names, and where it was you meant
to travel.
None of these will bring disaster.
I lost my mother's watch. And look! my last, or
next-to-last, of three loved houses went.
The art of losing isn't hard to master.
I lost two cities, lovely ones. And, vaster,
some realms I owned, two rivers, a continent.
I miss them, but it wasn't a disaster.
---Even losing you (the joking voice, a gesture
I love) I shan't have lied. It's evident
the art of losing's not too hard to master
though it may look like (Write it!) like disaster.
Elizabeth Bishop
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Bishop,
Gonzalov Cx.,
J.,
la primera niña,
Monet
Lo que es la vida, según Seneca

El grandioso clásico romano Séneca, nos dejó este lúcido estracto sobre su concepción vital, recopilado por el cultista Montalvo en su genial obra Las Catilinarias, que tanto me recuerda a los años de universidad:
Vivir, Lucilio mío, es combatir, ha dicho este filósofo. La vida es la guerra: cada día una batalla, cada acción ordinaria una acometida. Los hombres no somos hermanos, somos enemigos; y si somos hermanos, lo somos a lo Caín y Abel. Hermanos, para quitarle su vaca al pobre, y envenenarle el perro al vecino. Hermanos, para seducirnos mutuamente las mujeres y engañarnos las hijas. Hermanos, para hacer alarde de las desgracias ajenas, y fisga de las necesidades. Hermanos, para confiarnos secretos con más holgura, y echarlos en la calle a la primera oportunidad. Hermanos, para levantarnos quimeras y darnos de torniscones. Hermanos, para morirnos de ira, de envidia, venganza, y andarnos bebiendo la sangre, cuándo a gritos escandalosos, cuándo en silencio a la sorda. El que no es víctima es verdugo, ya lo dijo un gran poeta. La quijada del asno es nuestro tirso, nuestro caduceo: somos emisarios de paz, y sembramos la discordia; hablamos de fraternidad, amor, y nos echamos las manos a las barbas, y nos agarramos con los dientes. A cuál de nosotros no podría preguntarnos el Señor: Caín, ¿qué has hecho de tu hermano? Señor, respondería uno, le maté con haberle quitado su esposa. Señor, diría otro, le maté con haberle vendido un secreto. Señor, diría éste, le maté robándole un caballito con que ganaba la vida. Señor, diría ése, le maté imputándole una acción que no había efectuado, un propósito que no había tenido. Andad, malditos, respondería entonces el Señor, yo os puse en el mundo para vuestra dicha, y vivís empeñados en cultivar y extender vuestra felicidad.No tan insigne guerrero como los grandes capitanes que ganan batallas, pero yo también peleo y he peleado. He peleado por la santa causa de los pueblos, como el soldado de Lamennais; he peleado por la libertad y la civilización; he peleado por los varones ilustres; he peleado por los difuntos indefensos; he peleado por las virtudes; he peleado por los inermes, las mujeres, los amigos; he peleado por todos y por todo. El que no tiene algo de Don Quijote, lo vuelvo a decir, no merece el aprecio ni el cariño de sus semejantes.He desollado verdugos, he desollado viles, he desollado tontos mal intencionados, he desollado ingratos, y, gracias a Dios, a justo título soy un monstruo. A mí también me han desollado con mano torpe, inhábil; pero yo no dejo mi piel; me la echo al hombro, y, como San Bartolomé, salgo muy fresco, porque un rocío celestial me baña en lo vivo, y destruye los ardores de esa inmensa llaga.
Juan Montalvo, Las Catilinarias
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Montalvo,
Séneca
martes, enero 27, 2009
LARINGITIS
Sobre la gran montaña se eleva un sol naranja.
Las nubes brillan en lo alto y
el cielo transparente se cubre de celeste,
sobre la bóveda,
más lejos,
estrellas, a una distancia inalcanzable,
abrigando sistemas
en un segundo,
en una mirada que se eleva al cielo,
sobre un recuerdo, sobre un llamado
que se puede iniciar en el principio,
ése,
el primero.
Un sol en una tarde,
y la mirada en los rostros que lo ven,
desnudo y enorme,
sin fin.
La mentira y el tiempo.
El poema que escribe una niña en su cuarto.
Los gemidos detrás de un árbol.
Todos.
Ninguno.
Echados frente a la caja; programándose. Millones
Conduciendo, con alguna dirección.
Empolvando sueños,
Inmundicia.
Ajenos, próximos.
Y en cada rincón las sombras.
Y los que se espeluznan.
Con pelo cobrizo y corona.
Una corriente del mar
sin más fuerzas que el azar.
Guerra y religión.
Razón.
Libertad. Todo. Tarde.
Así fue. Amén.
Ama. Amor, América.
Amada.
Amanece y anochece.
Y un reino de frente al Sol.
Se descuajeringa.
Se arrima a la océana.
Se acurruca y ronca.
Pero todavía es temprano.
y el sol que brilla sobre el cielo.
viene y recuerda
los recuerdos recuperados
Sobre la gran montaña.
en la ciudad, un atardecer y una letra.
Las nubes brillan en lo alto y
el cielo transparente se cubre de celeste,
sobre la bóveda,
más lejos,
estrellas, a una distancia inalcanzable,
abrigando sistemas
en un segundo,
en una mirada que se eleva al cielo,
sobre un recuerdo, sobre un llamado
que se puede iniciar en el principio,
ése,
el primero.
Un sol en una tarde,
y la mirada en los rostros que lo ven,
desnudo y enorme,
sin fin.
La mentira y el tiempo.
El poema que escribe una niña en su cuarto.
Los gemidos detrás de un árbol.
Todos.
Ninguno.
Echados frente a la caja; programándose. Millones
Conduciendo, con alguna dirección.
Empolvando sueños,
Inmundicia.
Ajenos, próximos.
Y en cada rincón las sombras.
Y los que se espeluznan.
Con pelo cobrizo y corona.
Una corriente del mar
sin más fuerzas que el azar.
Guerra y religión.
Razón.
Libertad. Todo. Tarde.
Así fue. Amén.
Ama. Amor, América.
Amada.
Amanece y anochece.
Y un reino de frente al Sol.
Se descuajeringa.
Se arrima a la océana.
Se acurruca y ronca.
Pero todavía es temprano.
y el sol que brilla sobre el cielo.
viene y recuerda
los recuerdos recuperados
Sobre la gran montaña.
en la ciudad, un atardecer y una letra.
jueves, enero 22, 2009
AMANECER
El sonido del arrepentimiento
tantos ires y venires
vuelta tras giro
spining around the table
Y al final
asomas de nuevo.
La noche huele a cloro
las sábanas frías
como un espacio falso
como una mentira
Y al final
recuerdo tus caricias
Perdido
entre tanta piel
no queda tiempo
para tanto fango....
Tanta mentira
La luna a media luna
en una noche lapidada
que niega y esconde
un amanecer fantástico
Quizá no nos queden cigarrillos
Te diré que quiero
aunque no quiera
despertar contra tu rostro
y levantar todo el desorden
Pero cierra los ojos
tantos ires y venires
vuelta tras giro
spining around the table
Y al final
asomas de nuevo.
La noche huele a cloro
las sábanas frías
como un espacio falso
como una mentira
Y al final
recuerdo tus caricias
Perdido
entre tanta piel
no queda tiempo
para tanto fango....
Tanta mentira
La luna a media luna
en una noche lapidada
que niega y esconde
un amanecer fantástico
Quizá no nos queden cigarrillos
Te diré que quiero
aunque no quiera
despertar contra tu rostro
y levantar todo el desorden
Pero cierra los ojos
martes, diciembre 02, 2008
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