a nadie
Péndulo, que hoy macabro, navegas en oscuras aguas hacia la noche.
El arcano más profundamente limpio enloquece el candor del ojo.
Baile de círculos que no dejan de golpear: Nostalgia y dolor, vibración y armonía
NOSTALGIA
- Cada segundo recuerdo y me divido: Géminis entre espejos, vuelta.
- La puerta es puerta de nuevo y yo soy yo de nuevo, sin cortarme ni la lengua ni los párpados.
- Envueltas en el atado seco del destino, descansan las lágrimas del triste y las mías,
- blancas por la cal que limpia el hedor de las viseras negras que me sostienen.
- Fuego puro es la palabra que crea y triza a la telaraña del azar.
- Textura sombría encubre a la locura, la protege de la ambición que tejen los santos
- y destejen los segundos frágiles de las morales del ser. Suspiros frente a los vidrios del espejo.
DOLOR
- Es mejor no pensar en qué se piensa cuando pensar es el arma frente al mundo
- El bien y el mal se mueven por los ríos del dolor, envuelto húmedo que no limpia, que da forma,
- prisma que abanica las llagas con los vientos azules del desapego.
- Tormentosa estancia la del ser, condenado al eterno ciclo de respirar
- o patética ambición la del humano, que besa a diario el anillo de la pena.
- Puños cerrados frente al silencio de la mente
VIBRACIÓN
- Y viene el fuego en forma de serpientes doradas, pescando mentes, quemando esperanzas,
- rompiendo los eslabones más débiles de las cadenas más fuertes,
- mordisqueando el alma de los que duermen, borrando las huellas de pisadas inertes.
- El fuego se adentra, como magia, en la cabeza de los que no esperan nada
- cavando un túnel de silencio por el que se filtran los dioses y los diablos.
ARMONÍA
- ¡Están bailando la música de la primera estrella en la mañana! armonía celeste que fascina.
- El arcángel del fuego, el del odio y de la paz merodean con sus copas vacías en las cavas de los cristos.
- Veo a Jesús fumando marihuana en las puertas de la iglesia, con agua bendita para el sol canicular,
- y a Luzbel, que hincado llora a la sombra de la cruz, la que sangra por ver sus lágrimas, reventando las ampollas de sus manos
Pureza es la esencia de nuestros odios.
Las tribulaciones enseñan por qué ni la luna quema a las retinas
ni el sol lanza cuchillos envenenados hacia los centros.
La soledad se posa sobre la paz del triste,
quien se acuesta en un lecho de tréboles aún no marchitos
Somos uno, íntegramente solos, en la danza del caos que nos engulle
martes, junio 19, 2007
domingo, junio 17, 2007
Cadena de oro
Surcos de música labran el perfil de mi memoria
-canción nostálgica, velo del pasado.
¡Tantas almas las de una guitarra!
¡Tantas danzas las que tu mano sostiene!
Cada canto, en voz desgarrada,
invoca a la luz, a veces débil, a veces tenue
del dínamo yerto que en mi espíritu se sostiene.
Espíritu inquieto que a ratos reposa triste
sobre los parcos lechos fríos de las quebradas
en las que el ser se esconde de las miradas del mundo.
Espíritu que al cansancio, siempre tranquilo,
se arrulla en el calor de tu existencia.
Mano lumbrera que guía mi camino.
Cada línea, cada cana, cada silencio
reflejan, como en agua pura, el paseo de mi vida
oráculo que se teje en el laberinto de tus ojos,
-Presente, pasado y futuro en el suspiro
ahí, donde se abrazan los golpes de madre y de la vida,
las caricias de la paz y de la pena,
los puños del triunfo y de indignación
y de donde se desenreda la fuerza que me mueve y que me salva
Los callos que te ha dado la vida
son motivo y la constante imagen de mi anhelo,
ambición de ver atrás y ver algo grande
luego de las largas vueltas sobre este suelo hirviente,
siempre atendiendo a los sueños de los astros.
Estrella tú de tantas puntas como lunas en el tiempo,
y su péndulo que nos encierra en las espirales, rastros de su yirar.
Cadena de eslabones dorados y rojos, libros donde se hilan las leyendas
Alquimia santa que se genera de la misma sangre.
Padre y guía que me dio la vida
y que me da todo lo que la frase esconde
Hermano abnegado, endurecido por tanto dolor
y enaltecido con el corazón sereno de los sabios
Hijo que ante todo, guardó con orgullo la dignidad
y que guarda cada golpe con la sonrisa de los hombres buenos
Es tu figura discreta fuego en las noches de mi andar
-canción nostálgica, velo del pasado.
¡Tantas almas las de una guitarra!
¡Tantas danzas las que tu mano sostiene!
Cada canto, en voz desgarrada,
invoca a la luz, a veces débil, a veces tenue
del dínamo yerto que en mi espíritu se sostiene.
Espíritu inquieto que a ratos reposa triste
sobre los parcos lechos fríos de las quebradas
en las que el ser se esconde de las miradas del mundo.
Espíritu que al cansancio, siempre tranquilo,
se arrulla en el calor de tu existencia.
Mano lumbrera que guía mi camino.
Cada línea, cada cana, cada silencio
reflejan, como en agua pura, el paseo de mi vida
oráculo que se teje en el laberinto de tus ojos,
-Presente, pasado y futuro en el suspiro
ahí, donde se abrazan los golpes de madre y de la vida,
las caricias de la paz y de la pena,
los puños del triunfo y de indignación
y de donde se desenreda la fuerza que me mueve y que me salva
Los callos que te ha dado la vida
son motivo y la constante imagen de mi anhelo,
ambición de ver atrás y ver algo grande
luego de las largas vueltas sobre este suelo hirviente,
siempre atendiendo a los sueños de los astros.
Estrella tú de tantas puntas como lunas en el tiempo,
y su péndulo que nos encierra en las espirales, rastros de su yirar.
Cadena de eslabones dorados y rojos, libros donde se hilan las leyendas
Alquimia santa que se genera de la misma sangre.
Padre y guía que me dio la vida
y que me da todo lo que la frase esconde
Hermano abnegado, endurecido por tanto dolor
y enaltecido con el corazón sereno de los sabios
Hijo que ante todo, guardó con orgullo la dignidad
y que guarda cada golpe con la sonrisa de los hombres buenos
Es tu figura discreta fuego en las noches de mi andar
martes, junio 12, 2007
a.-
que el cuerpo aguante yo no puedo...
el revés del vientre
la estupidez de la espalda
cuerpo:
habrá de cruzar tempestades este fuego
habrá que salvar la imagen si tarda el silencio
habrá que cegarse y creer en la palabra inmolada
habrá que negarse y creer en la pureza de la mácula.
b.-
Siempre hay una noche más,
luego el espanto
siempre se puede saciar el último rostro,
luego fingir,
siempre habrá el sonido de las piedras
en el horizonte del incendio.
No hay más luz que la del cuerpo inmolado
y tu revelación es un disfraz de encuentros,
lindes perdidas,
infiernos.
Siempre se puede vivir sin sueños,
luego el bardo.
c.-
Cuando el humo cese
escupiremos los recuèrdos
negaremos la insistencia del nòmbre
crearemos huesos roncos que limiten el espacio
de las sòmbras
jugaremos a no ver los jirones del crepúsculo
usaremos pàlabras sordas que nos arrastren en silencio
todo esto lo haremos como parte de la mayoría:
los muèrtos.
viernes, abril 27, 2007
renunciemos para no querer renunciar
tanta basura que hacemos por lo que creemos... Wilde dijo que no todo por lo que un hombre muere es necesariamente cierto ... y creo en eso. Damos la vida por lo que creemos, nos cortamos una mano si las cadenas nos ajustan demasiado, matamos si hay que hacerlo,morimos si debemos regar sangre para marcar territorio. La apatía y la mediocridad son palabras que suenan tan feo, que se les ve siempre de soslayo, con miedo a caer en ellas, pero sin embargo no dejan de ser rincones en los que el iluminado se refugia del mundo. No me malinterpreten, yo voy a morir por lo que creo, pero solamente kisiera no estar tan apegado a tantas cosas, kisiera ser un apático frente al dolor o un mediocre frente a la conkista o al amor o a la supuesta felicidad que andamos buscando. Kisiera tener una felicidad mediocre, no con 100 vacas, sino apenas cambiando leche por tomates, no con 100 poemas sino apenas leyendome entre mi hermanos, ustedes, los pocos que me leen y que verdaderamente me aprecian o me kachan o que se yo ... El humano es un animal inconforme, eso es lo que nos mueve, lo que nos motiva y lo que nos caga. Solamente kisiera no kerer nada, kisiera tener una apatia frente al espejo, cortarme estos pelos tan largos, meterme las uñas en las manos y arrancarme los parpados y la lengua. La poesía son puñales, que bueno que aun me guste ver como sangran nuestras almas, ver el dolor del esteban, los temblores del archer, la rabia del gordo... el mundo es una puta y nosotros somos clientes frecuentes del chow... aki habita la felicidad decia en los chongos griengos... yo creo que la felicidad habita en cortarnos todos los días algo de nuestro ser, desprendernos de algo valioso como yo me he desprendido en estos días, de mi propia piel, me la he arrancado y voy a botar esos cueros que me protegían de todo para sentir el viento, el sol la lluvia, para sentir todo como verdaderamente es, como algo que duele, que enseña y que da vida a traves de matarnos a diario... perdon por desahogarme aki, en este centro de estética..pero bueno, por ultimo y ya saben que me gusta la polemica y siempre ando dando la contraria... sigamos hermanos por el duro camino de vernos a nosotros mismos, de tratar de entendernos... cuenten con una mano si ya se han cortado la suya propia... salud y anarkia
jueves, abril 26, 2007
DESAPARECIDA
El cielo esta nublado; un tono opaco en las nubes anuncia la pronta tormenta. No recuerda la última vez que sonrió. Se siente encerrada entre concreto y luces; la ventana es muy corta; la calle, enorme, un río bravío que cruza el ganado de cíclopes, de ruedas y pedales, de focos que aparentan ser hoyuelos de una nariz larga y aplanada. Algo se retuerce en sus piernas, como un residuo, y la arrastra.
Adentro de un carro, tres hombres de caras borrosas escuchan la radio a alto volumen y en la calle algunas faldas se agitan, sobre la vereda. Quisiera odiarlos pero teme perder el tiempo: se pregunta por qué no es más fuerte; por qué no puede quitar su vista de ellos.
El techo es blanco y no le gusta. Mira el dibujo, pegado en la pared: la cima de una elevación. El frío entra por los pies descalzos y la cabeza que se confunde y pierde, como humo. Recuerda a las brujas que terminaban sus días con un salto; a la quebrada y de ahí, o las salvaba Satán, o las llevaba Dios para que paguen ¡Que digna muerte!, arriba el viento revelándose a las condenadas y fijando la trampa, abajo el público que, aunque siempre viera cómo el cuerpo se estrellaba y despedazaba entre las piedras, creía la ilusión, acostumbrado ya a la comedia.
Pero está entre paredes y un techo blanco. No puede huir: guardar la última pelea en el hogar; la de enfrentarse, para curar del hilo innombrable que hebra pesadillas, alucinaciones, convulsiones esporádicas. Después, cualquier cosa imaginable, mundos probables, todo promesas.
Llora, sentada en el suelo. Tiene miedo y lo transforma en ira, en rabia, niega lo que ve y siente. La respiración se hace lenta y la cabeza pesa. No podrá saltar; no hay fuego ni precipicio; no importa; no entiende qué le pasa; nada le pasa…
Más allá del techo un niño mira la televisión; una señora, sentada junto a una mesa, juega cartas; tres frutas y un queso maldicen del frío estúpido que los encierra. Llora y en el auto ríen. Tensa las manos y los brazos, e imagina aviones que colisionan entre las nubes. No puede respirar; un bebe muerto se ha atrancado en su pecho.
Cae de espaldas. La planta de los pies quema como una ampolla; arquea la espalda. Recuerda una cara no llegó a nacer, que sólo ella había conocido, que huyó y la raptó consigo. El piso la recibe, hueco. Cada convulsión, como descargas eléctricas que borran el cuarto, y la ventana, y la dejan sola, preciosa, la llevan a una montaña donde la esperan fantasmas de niños y madres, que repiten saltos al vacío y simulan estar vivos, y la reciben entre bailes, alegres de su regreso, mientras ella cae y ríe sin memoria
Adentro de un carro, tres hombres de caras borrosas escuchan la radio a alto volumen y en la calle algunas faldas se agitan, sobre la vereda. Quisiera odiarlos pero teme perder el tiempo: se pregunta por qué no es más fuerte; por qué no puede quitar su vista de ellos.
El techo es blanco y no le gusta. Mira el dibujo, pegado en la pared: la cima de una elevación. El frío entra por los pies descalzos y la cabeza que se confunde y pierde, como humo. Recuerda a las brujas que terminaban sus días con un salto; a la quebrada y de ahí, o las salvaba Satán, o las llevaba Dios para que paguen ¡Que digna muerte!, arriba el viento revelándose a las condenadas y fijando la trampa, abajo el público que, aunque siempre viera cómo el cuerpo se estrellaba y despedazaba entre las piedras, creía la ilusión, acostumbrado ya a la comedia.
Pero está entre paredes y un techo blanco. No puede huir: guardar la última pelea en el hogar; la de enfrentarse, para curar del hilo innombrable que hebra pesadillas, alucinaciones, convulsiones esporádicas. Después, cualquier cosa imaginable, mundos probables, todo promesas.
Llora, sentada en el suelo. Tiene miedo y lo transforma en ira, en rabia, niega lo que ve y siente. La respiración se hace lenta y la cabeza pesa. No podrá saltar; no hay fuego ni precipicio; no importa; no entiende qué le pasa; nada le pasa…
Más allá del techo un niño mira la televisión; una señora, sentada junto a una mesa, juega cartas; tres frutas y un queso maldicen del frío estúpido que los encierra. Llora y en el auto ríen. Tensa las manos y los brazos, e imagina aviones que colisionan entre las nubes. No puede respirar; un bebe muerto se ha atrancado en su pecho.
Cae de espaldas. La planta de los pies quema como una ampolla; arquea la espalda. Recuerda una cara no llegó a nacer, que sólo ella había conocido, que huyó y la raptó consigo. El piso la recibe, hueco. Cada convulsión, como descargas eléctricas que borran el cuarto, y la ventana, y la dejan sola, preciosa, la llevan a una montaña donde la esperan fantasmas de niños y madres, que repiten saltos al vacío y simulan estar vivos, y la reciben entre bailes, alegres de su regreso, mientras ella cae y ríe sin memoria
martes, marzo 13, 2007
retrato del silencio
La palabra se enciende y se evapora.
la ausencia traza una esquina
en el papel más gris de la memoria.
Fugaz, alguna forma se dibuja en ese impulso,
como tus piernas de península empedrada
que vuelan evadiendo esquinas de otra hora.
como tu piel desgastada de las sombras,
como un pie desnudo que se aleja de otro.
como la nostalgia
con sus uñas de madera que no arde,
como la muerte
con sus acuarelas de silencio.
la ausencia traza una esquina
en el papel más gris de la memoria.
Fugaz, alguna forma se dibuja en ese impulso,
como tus piernas de península empedrada
que vuelan evadiendo esquinas de otra hora.
como tu piel desgastada de las sombras,
como un pie desnudo que se aleja de otro.
como la nostalgia
con sus uñas de madera que no arde,
como la muerte
con sus acuarelas de silencio.
martes, marzo 06, 2007
SED
La muerte no dejará de tener tus ojos.
Muertes desérticas para las sombras de la sed
montañas de cadáveres adquiridos en el abrazo
paralíticos que intentan sostener el vaso de la memoria
manos ineptas que ahorcan noches anhelantes
la oscuridad que se enraiza en los huesos
brisas de tinieblas
temblor alcohólico
vidrios de ti.
Las campanas quiebran la pérdida
catedrales destruidas de tanto grito
la violencia de perder la crispación
en amaneceres de viejas pieles
suerte de escombros.
Te has llevado todo menos la ausencia
nunca ceses de dejarme la sed.
* El formato del blog impide que el poema tome la forma de un vaso
martes, diciembre 12, 2006
PALMAS

Varias formas dibujan las palmas,
portales labran, portales cruzan,
reúnen círculos que se escurren luego, en espiral.
Ven las inenarrables sacudidas que destruyen al cuerpo enfermo, no
sólo hacia adentro, y que alivian la insostenible llaga del que vive.
Las manos cansadas liberan un grito sin el que resplandecen,
grito que siempre duerme sobre el débil, sobre nosotros,
luego de vagar bajo la caricia del caos,
que desmenuza cada segundo del eterno presente,
que se mueve por las fibras del yoga
contaminando al todo con él mismo, de algún reflejo,
tribulación para la mirada de algún guerrero.
Reflejo de otro como él que resguarda secretos de paz,
paz que se presenta nunca igual.
Ahí, frente al espejo, el ser escoge un rumbo,
el ineludible cruce de vías despreocupa en la decisión al libre.
Ser canal resulta un triunfo punzante,
la mirada está cansada de mirar siempre lo mismo,
se expanden los ojos marchitos, hacía adentro,
ven la luz y observan lo que ella toca,
el vacío y sus ciclos impensables.
La paciencia destruye al ser hacia afuera de su cuerpo,
hacía el otro que lo aísla por nostalgia,
por verse distante, por sentir afilado
el trascendente respirar del que espera en quietud
a que se construyan firmes sus pilares.
Las palmas dibujan un claro panorama,
incierto para los que olvidan, ridículo para los que olvidan.
Reposan sobre el ojo que revolotea como albor de anciano.
Sanan y castigan, su magia crea y destruye.
Carne y sangre que le habla a los ojos.
Uñas como espejos, uñas proyectadas.
Surcos de música y de ruido.
Amor y odio se escapan por las palmas.
La lujuria y la ternura se pelean su espacio.
Palmas como Belén y sus disputas.
Fuerza que ahorca cualquier maniqueísmo.
Símbolo eterno de lo que es la totalidad.
Palmas que una a otra se unen como a un reflejo.
martes, diciembre 05, 2006
- Listos los cuerpos, prepararon la carroza y los cargaron. Imagínese, nunca se supo más de esa pobre gente.
- Cómo cree, si los han visto en otras latitudes, bailando con gente que no conocemos.
El cuarto apestaba, como si del infierno hubiesen salidos cientos de diablos, iracundos. Los veían en cada esquina, junto a formas ondulantes. La luz iba y venía y jugaba con las sombras y objetos; la mesa se mecía como una embarcación; el armario temblaba al ritmo del reloj.
- Tenían trato con Dios sabe qué; decía la gente que podían realizar maravillas y cosas más sorprendentes aún.
- ¡Pobres!
- Pobres los zapatos, olían mal.
- Es que comían carne.
- Cómo cree, si los han visto en otras latitudes, bailando con gente que no conocemos.
El cuarto apestaba, como si del infierno hubiesen salidos cientos de diablos, iracundos. Los veían en cada esquina, junto a formas ondulantes. La luz iba y venía y jugaba con las sombras y objetos; la mesa se mecía como una embarcación; el armario temblaba al ritmo del reloj.
- Tenían trato con Dios sabe qué; decía la gente que podían realizar maravillas y cosas más sorprendentes aún.
- ¡Pobres!
- Pobres los zapatos, olían mal.
- Es que comían carne.
domingo, noviembre 26, 2006
II
"Mi vida está gastada. ¡Adelante, pues!
¡Finjamos, holgazaneemos, oh piedad!"
Rimbaud
sOLO!
una mujer que se mueva como
un texto
un texto que se beba como
un desierto
un desierto que se revele
como un silencio
La vida es un texto borrado en el desierto
desde donde hablamos nuestro silencio.
¡Finjamos, holgazaneemos, oh piedad!"
Rimbaud
sOLO!
una mujer que se mueva como
un texto
un texto que se beba como
un desierto
un desierto que se revele
como un silencio
La vida es un texto borrado en el desierto
desde donde hablamos nuestro silencio.
jueves, octubre 12, 2006
SOLEDAD, UTOPÍA
LA SOLEDAD NO EXISTE
Hombre injusto que no miras.
Lanzas piedras a los ríos, a los cielos, a las ramas
tus pupilas se tragan tu reflejo, lo esconden de tus garras.
¡Enternecedor miedo el tuyo!,
eclipsa a los profundos sueños olvidados.
Las frenéticas revelaciones de tu cuerpo,
de ese cuerpo que se eleva sin forma hacia los árboles,
que pasea por sobre el viento,
que mira de soslayo a su espalda,
que dibuja carretas etéreas con suspiros,
se disimulan en la tenue torpeza del ojo cerrado.
Aparecen las revelaciones de tu cuerpo
delineadas en los cuartuchos azules
de tus desterradas noches astrales.
No declinas, amargado, y no renuncias a tus aires,
te aferras a tu soledad inventada, la que sostienes
sobre los profanados templos de tu ensueño,
de tu patética quimera que te veda,
que te rescata de la firme apatía frente a la muerte.
No renuncias a los laureles de la soledad,
a la nobleza de sufrir a diario
al trabajo profundo de mentirle al espejo.
Día tras día los otros te desprecian: ocultas la risa
Noche tras noche tiras las cobijas: la emoción se te desborda en silencio
Cada tarde, en el crepúsculo, no piensas en nada:
te ves y no te reconoces, te sientes y tiras piedras al cielo
El diablo susurra en tu oreja,
te seduce con la música que hacía bailar a Dios,
decides creerlos, loarlos y odiarlos
y tus pupilas se tragan tu reflejo,
lo esconden de tus garras,
de tus vanidosas garras.
Hombre injusto que no miras.
Lanzas piedras a los ríos, a los cielos, a las ramas
tus pupilas se tragan tu reflejo, lo esconden de tus garras.
¡Enternecedor miedo el tuyo!,
eclipsa a los profundos sueños olvidados.
Las frenéticas revelaciones de tu cuerpo,
de ese cuerpo que se eleva sin forma hacia los árboles,
que pasea por sobre el viento,
que mira de soslayo a su espalda,
que dibuja carretas etéreas con suspiros,
se disimulan en la tenue torpeza del ojo cerrado.
Aparecen las revelaciones de tu cuerpo
delineadas en los cuartuchos azules
de tus desterradas noches astrales.
No declinas, amargado, y no renuncias a tus aires,
te aferras a tu soledad inventada, la que sostienes
sobre los profanados templos de tu ensueño,
de tu patética quimera que te veda,
que te rescata de la firme apatía frente a la muerte.
No renuncias a los laureles de la soledad,
a la nobleza de sufrir a diario
al trabajo profundo de mentirle al espejo.
Día tras día los otros te desprecian: ocultas la risa
Noche tras noche tiras las cobijas: la emoción se te desborda en silencio
Cada tarde, en el crepúsculo, no piensas en nada:
te ves y no te reconoces, te sientes y tiras piedras al cielo
El diablo susurra en tu oreja,
te seduce con la música que hacía bailar a Dios,
decides creerlos, loarlos y odiarlos
y tus pupilas se tragan tu reflejo,
lo esconden de tus garras,
de tus vanidosas garras.
lunes, octubre 09, 2006
EL RENUNCIANTE

Abrió los ojos. En seguida trato de censurar los recuerdos, la orgullosa rutina de reconocerse a él mismo dentro del armario, en el espejo, en la memoria. Su único par de zapatos, la peinilla y el tiple, el eco de sus pasos que poco a poco se iban devorando a ellos mismos. Las uñas largas, los callos en la palma izquierda y la sangre en la derecha. La ropa azul, las piedras y los símbolos. Todo empezó a confundirse en la sonrisa eterna del que no aspira a nada más que a olvidarse de su triste figura.
Alrededor vio fibras, solamente fibras sin un orden racional, desbocadas para los ojos distraídos, marchantes para los ambiciosos. Todo el imperio que había construido empezó a rechazarlo, a verlo como un ser despreciable, desalineado del orden que lo había jerarquizado. Entró al agua y se llenó el pelo de tierra, las manos y la cara las cubrió de un fango que no significaba nada para su forma de ver el mundo.
Poco a poco se acercó a los oídos de los que antes amaba, repartió pocas palabras, recibió pocas caricias. Cada uno de los que lo oyeron terminaron inmersos en una reunión lacerante en contra de ellos mismos. Nadie podía creer que había llegado el día en el que iba a desaparecer de sus vidas. La emoción revoloteaba en el ambiente, era casi imposible para ellos ocultar la felicidad de verlo desaparecer y el dolor que iba a provocar su ausencia.
Entender es a veces una vanidad dijo, entender es querer apuñalar a tu propia sombra dijo. Todos sabían que era libre desde hace mucho y nadie hizo nada para detenerlo. Apenas un niño que no pudo ocultar sus lágrimas diciendo que extrañaría sus letras, sus palabras, sus canciones. En el umbral de la puerta se detuvo, recogió algo del suelo y volteó la mirada, encendió un fósforo y lo sembró aún con fuego. Rió. Nadie entendía por qué había entrado ni nadie estaba seguro de por qué se iba, nadie tenía claro lo que había pasado durante esos largos años.
Antes de dar la vuelta por última ves gritó que el tiempo es un acordeón, que lo olviden y que no lo invoquen, les recordó que la primera niña en verlo entrar fue la que predijo su destino. Ahora esa niña es una niña anciana, corrompida y purificada por el fuego. Ahora esa niña está en la casa haciendo las tortillas para todos. Ya se despidieron, ella no lloró y él no rió, todo fue como debía ser. Ambos seguirían soñándose y teniéndose miedo.
Lejos de todos, el hombre subió a un árbol, contó las hojas de una rama y pensó en su última metáfora. Ahora los vínculos perdieron su sentido, como cuando repites una palabra muchas veces. Miró hacia arriba y un adios fue lo último en decir.
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